Después de una tercera eliminación consecutiva en la repesca para la Copa del Mundo, La Gazzetta dello Sport subraya la urgencia de que la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) incorpore a sus figuras legendarias en roles clave para revitalizar el deporte en el país.
Nombres prominentes como Paolo Maldini, Alessandro Del Piero y Demetrio Albertini han surgido como posibles candidatos, no solo para la presidencia de la FIGC, sino también para asumir importantes cargos técnicos o directivos.
La Gazzetta enfatiza que el sistema futbolístico ha superado un «punto cero», y para iniciar un ascenso, es fundamental contar con la valiosa experiencia de quienes ya han demostrado su maestría en el campo de juego.
Se argumenta que los exjugadores deben trascender su rol de figuras meramente simbólicas. El objetivo principal debe ser la creación de una nueva clase dirigente, una revolución que reconcilie las fuerzas políticas y personales.
En este sentido, una figura como Paolo Maldini se percibe con un propósito más profundo y efectivo como director técnico, en lugar de ser un simple plan B para la presidencia.
La historia muestra que otras leyendas italianas intentaron involucrarse en proyectos de la FIGC, pero sus esfuerzos no prosperaron. Un ejemplo notorio es Roberto Baggio, cuyas propuestas, presentadas hace más de 15 años, fueron en gran parte desatendidas por la Federación. La «revolución» que se le encomendó a él y a otros, finalmente, no llegó a ninguna parte.
En el pasado, aunque existían dificultades, la situación no era tan crítica como la actual. Por ello, la necesidad de un cambio radical de perspectiva no se sentía con la misma urgencia. Hoy, los exjugadores ya no pueden ser vistos como simples “hombres de paja”; esta idea debe ser el eje central de toda estrategia.
Se hace un llamado a quienes brillaron en los estadios de todo el mundo: Italia los necesita. Deben unirse, llegar a un entendimiento y diseñar un programa ambicioso que genere una oleada de energía. Este es el «año cero» y no hay más margen para el fracaso.
Ya no basta con culpar a la desafección juvenil o a la escasez de centros de formación locales. Los problemas son más profundos y exigen la intervención directa de las estrellas de nuestro fútbol.
La crisis actual representa una oportunidad única e irrepetible. Las mejores oportunidades nacen de las crisis. Aquellos que los escuchen deben hacerlo sin prejuicios ni temores. Superar el «punto cero» significa avanzar; de lo contrario, el sistema se enfrentará a su fin. Cuando un sistema está en apuros, es imperativo recurrir a la experiencia y a los nuevos recursos, y Italia los posee.
